
La verdad es que no sé bien cómo describir la magia que viví anoche. Antes del estreno comenzó la ceremonia oficial del Festival Internacional de Cine de Viña Del Mar: discursos de la alcaldesa, la ministra de cultura, reconocimientos, etc, etc. Yo sentado en primera fila con el estomago apretado, muy muy nervioso. ¿La audiencia?: directores, productores, actores, críticos de México, Argentina, Colombia, USA, Alemania, etc, etc. Más de 1200 personas llenaban el hermoso teatro municipal de la ciudad y no quedaba una silla libre. Llegó el momento, me invitaron a hablar y subí al escenario con los actores, Karen y Gabriel. Dije un par de palabras sueltas, pero lo que importaba más que bla bla era la película, así que después de una pequeña pausa para el publico, comenzó la película. El corazón me saltaba a mil y en un primer momento siento risas generales, me dije; "bueno puede ser la buena disposición y nada más". A los pocos minutos otras risas y de repente un silencio sepulcral en la primera escena dramática, después algunos sollozos. El Brindis algo estaba produciendo, así pasaron los 98 minutos del film, sentía a la gente metida en la película, no se movía nadie de su asiento. Estaba terminando la espera. Más de tres años de trabajo se verían representados en la indiferencia total o en el aplauso. Se va a negro la pantalla y la multitud comienza a aplaudir a rabiar, la gente de segunda fila me abraza, el nudo en la garganta es insostenible. El Brindis gustó y emocionó a la gente, que salió feliz de la sala. "Me hiciste llorar como niño", "que linda historia", la fotografía....ufff", "la música", "la actuación de los protagonistas", halagos y más halagos.